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EL CASO AMAURY RIVERA

Una historia de intoxicación OVNI, la implicación de los investigadores y la falsificación de pruebas

Pedro P. Canto

 
Ya disponible.

 

8 de mayo de 1988. Un joven portorriqueño, Amaury Rivera, asegura sufrir una abducción extraterrestre. Posterior a dicha experiencia, tiene la oportunidad de tomar una serie de cuatro fotografías en las que se apreciaría, en pleno día y con desacostumbrada nitidez, la nave de sus captores y un Grumman F-14 de las Fuerzas Aéreas estadounidenses intentando interceptar el OVNI…

Las fotos dieron la vuelta al mundo. Fueron reproducidas en infinidad de revistas, libros y programas de televisión.

Investigadores norteamericanos, alemanes, mexicanos, españoles, japoneses, etc., viajaron a Puerto Rico y tomaron contacto con Amaury Rivera, bautizando su insólita experiencia como “el caso del siglo”.

Hoy, Pedro P. Canto, autor de la investigación más profunda y rigurosa realizada jamás sobre el caso Amaury Rivera da a conocer sus conclusiones sobre “el caso del siglo”. Pero hay mucho más…

El caso Amaury Rivera permite a Pedro. P. Canto profundizar en uno de los aspectos más incómodos, vetados y desconocidos de la historia de la ufología: el papel de los investigadores en el desarrollo mediático de un incidente OVNI: sus motivaciones, sus enemistades, sus responsabilidades.

Nunca antes la investigación de un caso OVNI había permitido desvelar esa dimensión oscura, y descorazonadora de la comunidad de investigadores…

"El caso Amaury Rivera: una historia de intoxicación OVNI, la implicación de los investigadores y la falsificación de pruebas".

30 años después el investigador Pedro P. Canto regresa a la ufología para clarificar el que fue llamado "el caso OVNI del siglo". El autor, lo editores y la distribuidora has renunciado a toda gratificación económica por este libro.  

El 100% de los derechos de autor y editoriales de este libro están destinados a causas benéficas.

 

PROLOGO DE MANUEL FERNANDEZ

New York, 4 de Abril de 2018

En esta vida que todos compartimos llena de misterios incógnitas y realidades, los más curiosos, los que a menudo no se conforman con la “información oficial” o lo hasta ahora descubierto, se ven obligados a descubrir datos nuevos que nos revelen la veracidad sobre algunos casos específicos. Cuanto más te adentras en la investigación más riesgo corres de descubrir la verdad y más a menudo de lo que quisiéramos en el tema que nos ocupa, la verdad no es la que esperábamos descubrir, ni el costo por descubrirla tan solo se limita a tiempo y dinero, sino que a veces incluye “amistades” y en ocasiones, nos podría costar hasta la vida.

 Si bien todos por naturaleza somos curiosos y preferimos la verdad a escuchar una historia de ciencia ficción, no todos disponemos del tiempo y los recursos necesarios para llegar al fondo de cada situación. Viviendo en esta sociedad donde el sensacionalismo vende más que la verdad, hoy resulta difícil encontrar investigadores y reporteros con el interés, la tenacidad, la honestidad, la habilidad y el coraje de reportar los hechos de una forma veraz.

En las tres décadas en que he tenido el honor de disfrutar de la amistad de Pedro P. Canto, este siempre ha sido merecedor de mi confianza, respeto y admiración por su dedicado trabajo, el que a su vez le ha otorgado la confianza de la comunidad Ufológica internacional, como un investigador serio y de alta ética profesional. En principio, lo que más me sorprendió de aquel joven investigador además de su juventud fue su enorme dedicación al tema. En una ocasión y durante una visita a España, tuvo la amabilidad de presentarme a su gran amigo, el ya fallecido Antonio Ribera, pionero de la Ufología Española, de aquel encuentro inicial surgió entre mí y Don Antonio una bonita amistad con algunos intercambio de correspondencia en los años siguientes, donde siempre pude disfrutar del agradable sentido del humor de este Maestro de la investigación, que en paz descanse.

 En el momento que Pedro decidió hacer un trabajo sobre el muy complejo tema de las abducciones, aun a pesar de contar con el apoyo de los mejores investigadores españoles y extranjeros, y disponiendo de datos más que suficientes para sentarse cómodamente en su oficina y redactar un completo informe, todavía, con algunas preguntas sin respuesta tomo un avión con rumbo a la ciudad de Nueva York donde resido, decidido a conocer e interrogar al pionero, escritor y líder mundial en el tema de las abducciones, el Señor Budd Hopkins, a quien ya me unían algunos años de amistad. Recuerdo bien que el día de la entrevista en casa de Hopkins y pensando que me tocaría hacer el papel de traductor, de nuevo Pedro me sorprende al hablar un inglés casi perfecto.

 Poco después nacía su libro “VISITANTES DE DORMITORIO” otro legado para la historia de manos de este autor. ¿Cuál es la razón de mencionar este, para mí, muy significativo detalle? Porque considero que eso es lo que todo verdadero investigador debe estar dispuesto a hacer: todo lo que sea necesario para conocer la verdad, o, en el peor de los casos, aclarar los puntos primordiales para obtener una idea más clara sobre el tema. Por la misma lógica, deduzco que si el día de mañana Pedro decide escribir un libro sobre Física Cuántica y el mayor experto en el tema reside en la montaña más alta de Japón, sin duda en algún momento los nudillos de este investigador tocaran en su puerta con un cuaderno de notas lleno de preguntas. Con excepción de los investigadores, todos tenemos derecho a saber la verdad, pero para el investigador serio el conocer la verdad es una obligación, cueste lo que cueste, en muchas ocasiones abandonando el confort de su oficina y a veces hasta el país en que reside.

Todos disponemos de la muy cómoda y económica opción de "creer o no creer" y a menudo esa determinación se basa en un sinnúmero de averiguaciones que otras personas hicieron llegando a la conclusión con la que decidimos estar de acuerdo o no, pero en algunos casos como el que nos ocupa, esa conclusión resulta ser poco lógica y en ocasiones hasta sospechosa. Para el autor de este libro, inconforme con lo hasta entonces descubierto, este decide hacer todo lo necesario para descubrir y redactar la verdad con todo lujo de detalles, con este libro, Pedro nos roba la opción de creer o no creer.

En estas páginas se nos muestra la lucha y el complejo trabajo necesario para poder rebatir declaraciones, acusaciones y algunos hechos ficticios con la dolorosa espada de la verdad. El resultado es este informe que no debería faltar en la biblioteca de cualquier investigador o curioso por conocer el esfuerzo, la trama y los obstáculos que hay que vivir para poder descubrir la veracidad de algunos casos como este, el que durante un tiempo fuera erróneamente apodado como “El Caso del Siglo”.

                                                                            Manuel Fernandez

 

   PROLOGO DE MANUEL CARBALLAL 

          ‘El que busca la verdad, corre el riego de encontrarla

Galicia (España), 27 de abril de 2018.

 La frase, sobre el peligro de buscar la verdad, se atribuye por igual a Isabel Allende y a Manuel Vicent. Aunque no me importa quien la dijo primero. Es una gran verdad. Y nunca ha sido tan oportuna como en el informe que ahora tienes en tus manos.

 Conocí a Pedro P. Canto a principios de los años 90. Ambos formábamos parte de algo que se denominó ‘la tercera generación de investigadores’, en alusión al periodo histórico en que llegamos al fascinante mundo de las anomalías.

 Compartíamos esa etiqueta con otro puñado de jóvenes imberbes henchidos de ilusión y pasión por la investigación, y dispuestos a resolver todos los misterios del universo, que no habían conseguido resolver nuestros predecesores. Algunos de aquellos jóvenes adolescentes, hoy son nombres consagrados en el mundo de la divulgación y/o la investigación: Javier Sierra, Bruno Cardeñosa, Josep Guijarro, Moisés Garrido, José Antonio Caravaca, etc. Otros, victimas del desencanto o las circunstancias, se fueron quedando por el camino.       

Pedro P. Canto no solo era uno de los más apasionados y activos. Escribía en todas las revistas especializadas. Impartía conferencias por toda España. Coordinaba dossieres especializados sobre fotografías OVNI, etc. Además, era el más noble de todos nosotros. Creo que esa es la virtud que más lo define: nobleza.

 Generoso, integro, trabajador… poder decir ‘¡Ey!,ese, es mi amigo’, es algo que te llenaba de orgullo. Porque Pedro no solo es un tipo grande… es un gran tipo.

 Podíamos estar de acuerdo o no con sus conclusiones, compartir o no sus reflexiones, pero jamás, nunca, nadie cuestionó que todo lo que hacía o decía Pedro salía de sus entrañas con una honestidad kamikaze y arrasadora. Cuestionar la honestidad de Pedro es algo que solo podría hacer un miserable o un cretino. Nadie más.

 Pedro P. Canto fue el primero de nosotros que acarició la gloria, despertando nuestras envidias (sanas, pero envidias). Fue el primer que consiguió publicar un libro en una editorial de gran tirada: ‘Visitantes de dormitorio’ (Temas de Hoy, 1994). Y un año después ‘OVNIs, peligros de una evidencia’ (Contrastes, 1995).         

Pero poco después, abruptamente, Pedro desapareció del mundo de la investigación. No publicó más libros, artículos ni dossieres. No hubo más conferencias, programas de radio o intervenciones televisivas. Nada. Solo décadas de silencio. Hoy, al terminar de leer la última página del informe que ahora tienes en tus manos, con un sabor amargo que todavía siento en la comisura de los labios, comprendo mejor aquella desaparición…

 El documento que ‘El Ojo Crítico’ ha conseguido desempolvar de los archivos de Pedro P. Canto, donde ha permanecido sepultado bajo las pesadas losas del desencanto durante más de 20 años, es mucho más que un libro sobre el fenómeno OVNI… es un libro sobre los ufólogos.

 Cuando Josep Guijarro preguntó al folclorista británico Chris Aubeck: ¿Qué hay detrás del fenómeno OVNI?, Aubeck respondió, sin pensarlo un segundo: ‘Ufólogos’. Ahora entenderás a que se refería.

 De la misma forma en que todos nosotros construimos nuestras opiniones sobre la guerra contra el terrorismo, la crisis económica, a los mejores fichajes para la selección nacional de futbol sin haber pateado jamás un balón, sin saber nada de macroeconomía internacional, o sin haber pisado jamás un cambo de batalla, así modelamos nuestras opiniones sobre casi todo. Incluido el fenómeno OVNI. Por lo que nos han contado los medios que consideramos creíbles.

 En el mundo de la ufología, como en todas las disciplinas de la cultura, existen referentes. Nombres que marcan las tendencias, y a los que todos escuchamos cuando se manifiestan sobre tal o cual caso. Ellos son los que, en alguna medida, hacen el fenómeno OVNI a su imagen y semejanza.

 Jaime Maussan, Salvador Freixedo, Wendelle Stevens, Andreas Faber Kaiser… y todos ellos, y muchos más, estuvieron implicados o se posicionaron en su día sobre el caso Amaury Rivera. Bautizado, entusiastamente, a mediados de los años 90 como ‘el caso del siglo’.         

Las fotografías tomadas por Amaury Rivera de un Grumman F-14 norteamericano interceptando un enorme ‘platillo volante’ a pleno día, y con desacostumbrada nitidez,  dieron la vuelta al mundo. Fueron portada de docenas de publicaciones especializadas, a un lado y otro del Atlántico, incluyendo España. Y venían a certificar el testimonio de Amaury Rivera Toro, un joven portorriqueño de apariencia vulnerable e inocente que aseguraba haber protagonizado una experiencia de abducción y contactismo, de largo recorrido.

 Rivera se convirtió en el testigo al que todos queríamos entrevistar. Yo pude hacerlo una vez. Pero numerosos canales de televisión, periodistas, reporteros e investigadores viajaron a Puerto Rico también para recoger su historia. Y después él mismo fue invitado a relatar su caso en los platós de televisión, o los foros ufológicos más prestigiosos.

 En 1996 publicó su libro-testimonio ‘La noche de mi encuentro con extraterrestres’ (Diana), traducido posteriormente al inglés como ‘Amaury Rivera´s alien abduction: extraterrestial encounter of de humand kind’ (2011). Libro que dedica en su inicio, entre otros, a los ‘investigadores’ Jaime Maussan, Jorge Martín y Jim Dilettoso. Tres de los afamados ‘ufólogos’ que certificaron su historia. Hubo muchos más.

 Con la llegada de Internet el eco del caso Amaury Rivera se difundió por todo el mundo, con todavía más eficiencia. Y en su página http://amauryrivera.ccpublications.net (desaparecida en 2014) no solo podíamos comprar su libro, sino negociar la compra de sus fotografías. Cuando pude hablar con él directamente, me pidió 1.000 dólares por cada foto. Todavía conservo la grabación de esa conversación. [1]

 Pero ni yo, ni nadie podía sospechar la desoladora realidad que se ocultaba detrás del caso Amaury Ribera y sus implicaciones ufológicas. Porque nadie tuvo el coraje, la motivación y la persistencia para llegar hasta el final, fuesen cuales fuesen las consecuencias. Nadie, salvo Pedro P. Canto.

 El informe que hoy tienes en tus manos va más allá del análisis profundo y riguroso sobre una de las series fotográficas más importantes y replicada de la historia de la ufología. Un caso que sedujo y convenció a algunos de los nombres más influyentes de la ufología mundial.

 Canto no se detiene ahí. Va más allá. Y una  vez emitida su conclusión sobre el caso Amaury, se atreve a introducirse en un terreno pantanoso, oscuro, inexplorado. En un territorio en el que solo quienes no temen a las represarías de los grandes medios especializados, a los vetos de los grandes divulgadores, al escarnio de las grandes ‘vacas sagradas’ del misterio, osan adentrarse. El de la responsabilidad de los investigadores y los divulgadores.

 Pedro P. Canto asumió el riesgo. Buscó la Verdad, y la encontró. Y hoy, 25 años después, rompe su silencio.

 Gracias al tiempo y al dinero, y a los desengaños y los sinsabores que Pedro invirtió en esta investigación, hoy tú y yo sabremos más, no solo de uno de los casos OVNI más importante de la historia. También sabremos más sobre nosotros mismos.

 Detrás del fenómeno OVNI hay ufólogos…

                                                                          Manuel Carballal

 

[1] En 1993 la revista El Ojo Crítico, nº 4, publicaba un artículo de Wilson Sosa sobre el caso Amaury Rivera en donde ya se mencionaba esta negociación económica. http://ojo-critico.blogspot.com.es/2006/12/el-caso-amaury-rivera.html

 

 

 

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